Esperanza, La Paz


“Estuvimos semanas con la casa inundada por la Tormenta Amanda”

La estación lluviosa, o invierno como le llaman en El Salvador, siempre ha sido difícil para Esperanza* y su familia. Todas las casas de su vecindario se inundan siempre que llueve muy fuerte o por varios días, pues su calle no posee ninguna forma de drenar el agua y hasta el momento las autoridades no han ofrecido una solución para ello.

Aquí siempre se llena. Una media lluvia y siempre se llena. Lo primero que hacemos es subir las cosas; buscar donde trabarlas para que no se nos arruinen las cositas que tenemos. Las camas las subimos en ladrillos para que no se mojen, explica Esperanza*.

Pero la noche del 31 de mayo de 2020 fue mucho peor que de costumbre. Las lluvias torrenciales de la tormenta tropical Amanda inundaron fácilmente la comunidad de Triunfos de La Paz en San Pedro Masahuat, La Paz, donde vive Esperanza* junto con su compañero de vida, su hija Azucena* de 11 años, y su hijo Carlos* de dos años. Las cosas empeoraron cuando tras Amanda vino la tormenta Cristóbal, forzando a Esperanza* y su familia a permanecer casi tres semanas encerrados en su pequeña vivienda, sin poder salir debido al agua que les llegaba casi hasta las caderas, después de los casi ocho días de lluvia constante y la falta de desagüe apropiado en su comunidad.

“De ahí que nos dimos cuenta que la lluvia iba a durar varios días nos afligimos, porque aquí se llena demasiado con un día que llueva. Ahora imagínese ocho días, sentíamos que nos íbamos a ahogar y no hallábamos que hacer. Después que pasó la tormenta, pasó inundado como 15 días, costó que se secara.”, expresa Esperanza*

Amanda es, oficialmente, la primera tormenta tropical del 2020 en la costa este del Océano Pacífico.  Aunque de corta duración, dejó a su paso una estela de devastación desde el sur de México hasta Nicaragua, pero fue en El Salvador donde desató su mayor furia, afectando severamente a cerca de 150,000 personas, cobrando la vida de 30 y causando la desaparición de otras diez, tal y como se informó en los Reportes de Situación difundidos por la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA).

Al unirse a la tormenta tropical Cristóbal proveniente del Atlántico, los dos fenómenos meteorológicos provocaron inundaciones y deslizamientos de tierra en casi todo el territorio de este pequeño país. Los daños a 900 viviendas, 555 escuelas, puentes, carreteras y otras infraestructuras han sido estimados en aproximadamente US$8 millones por el Ministerio de Obras Públicas, según cifras facilitadas por OCHA. Además, tal y como indició el Programa Mundial de Alimentos en sus Reportes de Situación ante las tormentas Amanda y Cristóbal, las tormentas provocaron la destrucción de $21 millones en cultivos y eso ha puesto en riesgo de inseguridad alimentaria a más de 336,000 personas.

Esperanza*, su hija y su hijo, junto con su compañero de vida, comparten un terreno con otros siete familiares, quienes han construido otras tres pequeñas viviendas con piso de tierra y paredes y techos de lámina iguales a la casa de Esperanza*. Las débiles construcciones son particularmente vulnerables a las inclemencias del tiempo, y el hogar de Esperanza* no pudo soportar los ocho días de lluvia causados por las tormentas Amanda y Cristóbal.

“Al segundo día, algo así, cuando empezó a llover más… las láminas se me picaron todas, se me rompieron… y el techo ya no sirve. Se me desclavaron todas. Hoy, cada vez que llueve, tengo que sacar a la cama a fuera para que se seque y no se me pudra”, explica.

Por esta razón, y como parte de su respuesta a la emergencia causada por las tormentas Amanda y Cristóbal, Save the Children entregó kits de mejora de vivienda a 50 familias, incluyendo la de Esperanza*, en las comunidades de San Luis la Herradura, San Luis Talpa y San Pedro Masahuat, del departamento de La Paz, e Izalco, Nahuizalco y Santa Isabel Ishuatán en Sonsonate. Otras 315 familias fueron beneficiadas con kits de higiene familiar y tarjetas multipropósito para la compra de alimentos, o kits de higiene y limpieza especialmente diseñados para las familias albergadas en centros temporales.

“Con esto, voy a poder arreglar para que ya no se me moje. Me da alegría, porque no podíamos ni dormir cuando llovía. Yo le agradezco a Save the Children por el apoyo que nos ha brindado a mí y a otras familias de la comunidad”, explica Esperanza*.

La reparación de su vivienda significará un peso menos en los hombros de Esperanza*, cuyo compañero de vida pasa ausente la mayor parte del tiempo porque su trabajo como pescador lo obliga a alejarse del hogar por cuatro o cinco días consecutivos. Es Esperanza*, como muchas mujeres que están en la primera línea durante las emergencias, quien realiza las acciones de preparación y mitigación ante las tormentas en su hogar, además de las tareas de cuidado de su día a día: sacar agua del pozo, limpiar la vivienda y preparar las comidas para su familia y su padre, Antonio*, un líder comunitario que lleva más de cinco años activamente involucrado en el trabajo que realiza la ADESCO y la Comisión de Protección Civil a favor de la comunidad.

Esperanza*confía que las cosas mejoren antes que empiece la temporada de corte de caña, cuando ella pueda trabajar como rozadora de caña y contribuir a la economía del hogar, pues los ingresos de su compañero se han visto duramente afectados por la pandemia y la tormenta. De la misma manera, sueña con que las escuelas reabran sus puertas, para que Azucena* pueda volver a estudiar y jugar con sus amigas, pues ella sabe que la niña necesita recuperar alguna forma de normalidad en su vida.

Sin embargo, mientras no se logre resolver el problema de desagüe en la comunidad de Esperanza*, su familia y todas las demás personas que viven en Triunfos de La Paz seguirán viviendo con el temor de inundaciones constantes en su calle y viviendas.

*Los nombres han sido cambiados para proteger la identidad de los beneficiarios. 

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