María, San Salvador


Queremos regresar a casa”

Después de pasar toda la noche del 31 de mayo en vela, tratando infructuosamente con su hijo de evitar que el agua y lodo entrasen a su casa y dañase sus pertenencias, María* vio con horror como a eso de las seis de la mañana el muro colapsó y toneladas de tierra enterraron parte de su hogar.  Fue poco lo que pudo hacer en ese momento, por lo que se concentró en asegurarse que su hija Karla* de ocho años lograse salir a salvo del lugar en el vehículo de un vecino, dado que las aguas del río Arenal de Montserrat estaban a punto de alcanzarles y era terriblemente peligroso para la niña continuar en su casa o siquiera salir caminando de allí.

Su hijo Mario*, de 16 años, ayudó a su mamá a tomar todo lo que pudieran rescatar en esos breves momentos, incluyendo uno de sus gatitos consentidos, y salir cuanto antes de allí en una patrulla de la Policía Nacional Civil, pues las aguas del río estaban a punto de inundar por completo la zona.

Pasó en un cerrar de ojos. Se tapó la bóveda, por la cantidad de cosas que tiramos allí la gente, y el río arrancó árboles y jaló carros. Entonces eso colapsó. Casi sin darnos cuenta todo se llenó y salimos de las casas cuando ya el agua nos llegaba hasta el pecho, explica María*.

La tormenta tropical Amanda fue un ciclón tropical de corta duración con devastadoras consecuencias para El Salvador y sus habitantes, donde causó severas inundaciones y deslizamientos de tierra a finales de mayo de 2020. Los últimos remanentes de Amanda coincidieron con la tormenta tropical Cristóbal, proveniente de la costa atlántica, sometiendo a este pequeño país a ocho días de lluvias incesantes que impactaron significativamente la vida de casi 150,000 personas y causaron cerca de US$8 millones de pérdidas en infraestructura, incluyendo puentes, carreteras, escuelas y otras edificaciones, según datos facilitados por la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) de Naciones Unidas.

Según los Reportes de Situación difundidos por OCHA, se estiman pérdidas valoradas en US$22.1 millones en cultivos de granos, hortalizas y frutas, y más de 30,000 familias, como la de María*, se vieron obligadas a abandonar sus viviendas y refugiarse en uno de los 237 albergues temporales que se crearon para atender a las más de 12,000 personas afectadas por los fenómenos meteorológicos.

María*, su hija y su hijo llevan ya más de dos meses viviendo en el Instituto Nacional Técnico Industrial (INTI), donde todavía se encuentran 30 familias, las cuales se han organizado para mantener limpio el lugar y asegurar el bienestar de las niñas y niños que allí se albergan. Debido a la suspensión del año escolar a causa de la pandemia provocada por el nuevo coronavirus, el INTI pudo ser utilizado como albergue temporal para 160 grupos familiares en un inicio, y María*, su hija y su hijo tuvieron que convivir con otras nueve familias en la pequeña aula que se les había asignado como habitación.

Estos meses han sido bien difíciles porque una está acostumbrada a su privacidad…, en cambio aquí es muy diferente. Comida no nos ha faltado, desde Gobernación siempre han estado pendientes de todo. Pero para mis hijos ha sido bien difícil, cuenta María*.

Además de la oportuna intervención del gobierno, que ha garantizado espacios para dormir, incluyendo colchonetas y camarotes, así como medidas de higiene ante COVID-19 y alimentación, las familias albergadas en el INTI han recibido ayuda y apoyo de diversas personas e instituciones que de forma inmediata les brindaron ropa, alimentos, agua potable y otros materiales para hacer más fácil la estadía en el albergue.  Entre las organizaciones que respondieron a la emergencia se encuentra Save the Children, la cual otorgó 100 kits de higiene familiar y protección contra COVID-19 a familias albergadas temporalmente en este centro educativo y en otros albergues de la capital y en las ciudades de Jiquilisco y San Marcos Lempa, Usulután.

A cada rato se nos estaba yendo el agua en el albergue. Lo primero que hicimos fue llenar el barrilito más pequeño para tener agüita allí”, dice María*“Yo le doy las gracias a Save the Children porque nunca nos imaginamos que nos iba a venir esa ayuda… Porque sólo en las mascarillas es un gran gasto y yo que soy mamá soltera … yo le dije a mi hijo: ¡Qué alivio! Porque ya no tenía con qué comprar las mascarillas.”, añade María*.

El apoyo de Save the Children ha contribuido a que ella y su familia se sientan más seguros y confortables en el albergue, además de estar mejor protegidos frente a la pandemia que azota el país y el mundo, ante la cual están en situación de mayor exposición por encontrarse compartiendo un mismo espacio con otras personas de diferentes grupos familiares.

María* piensa permanecer en el albergue hasta finales de septiembre, esperando que pasen los meses de mayor lluvia. Ella está confiada en que recibirá la ayuda prometida por el gobierno para reparar su casa, lo cual está sujeto al estudio de suelos que se realice para conocer la viabilidad de la reconstrucción en el lugar.

Mientras tanto, para mantener a su familia ocupada y mejorar la alimentación de la familia, María* ha empezado a preparar un huerto casero junto con su hija y su hijo, donde quieren sembrar pepino, rábano y otras hortalizas para su consumo personal y para compartir con las demás familias albergadas en el INTI. Igualmente, siempre que puede, ella prepara sus platillos típicos en una pequeña cocina improvisada y sale a venderlos a sus clientes habituales.

Además, María* se asegura que Mario* y Karla* estén siempre entretenidos y ocupados, incluyéndoles en las tareas diarias, pero dejando un espacio para el juego y procurando que se sientan seguros y protegidos en todo momento.

María* tiene mucha esperanza en que pronto se normalizarán las cosas para ella y su familia.  Su actitud positiva hacia la vida ha hecho que a Mario* y Karla* les sea más fácil enfrentar las pérdidas sufridas y seguramente les permitirá superar los desafíos que vendrán en el futuro próximo. Los tres están conscientes que no será nada fácil para ellos salir adelante, pero confían en que podrán lograrlo con el amor que se tienen entre sí y con la voluntad y espíritu de lucha que les ha caracterizado siempre.

*Los nombres han sido cambiados para proteger la identidad de los beneficiarios. 

OTRAS HISTORIAS


Katherin, Santa Ana


"Impartimos charlas para que todas las personas conozcan más sobre los derechos humanos"

Henry, Sonsonate


“La COVID-19 cambió mi vida”

Jimena, Sonsonate


“Quiero motivar a otras niñas, niños y adolescentes a alzar sus voces”

Pablo, La Libertad


“Estaba por decidir que iba a perder el año, pero me dieron ánimos”

Susana, Sonsonate


“Mi consejo para todas las personas es que traten de ayudar a las niñas y niños que se sienten solos”

Ever, Sonsonate


“Me da miedo que se enferme mi mamá y mi abuela, porque hay personas que se mueren por el Coronavirus”

Isis, La Paz


“Espero regresar a la escuela, me hace mucha falta”

María, San Salvador


“Queremos regresar a casa”

Esperanza, La Paz


“Estuvimos semanas con la casa inundada por la Tormenta Amanda”

Daniela, Izalco


El emprendimiento de Daniela.