Génesis, La Unión Norte
febrero 12, 2026
Mi nombre es Génesis, tengo 13 años y vivo en La Unión Norte. El próximo año cursaré octavo grado y me emociona seguir aprendiendo cada día. Me encanta la matemática, y en mi tiempo libre me gusta hacer mis tareas, escuchar música, colaborar en todo lo que puedo y comenzar el día con un desayuno que incluya omelette con frutas, porque me llena de energía y hace sentir lista para empezar. Desde 2022, participo en las actividades de Save the Children, y cada experiencia me ha enseñado cosas nuevas, me ha abierto puertas y mostrado lo importante
que es creer en mí misma.
Mi sueño es convertirme en especialista en derechos de las mujeres y las niñas. Quiero que haya más personas que defiendan la igualdad, que escuchen y representen nuestras voces. Por eso, cuando me invitaron a ser parte del grupo de Shifters, sentí una alegría y emoción enorme. Esta fue mi segunda campaña, así que me sentía más segura para expresar mis ideas y aportar con confianza. Me emocionó aprender de los demás y descubrir que, incluso siendo jóvenes, podemos generar cambios importantes. Lo más bonito fue ver, a lo largo de las fases, cómo nuestras ideas se transformaban en algo real.
En esta campaña trabajamos un tema que me toca muy de cerca: las niñas que hacen muchas más tareas en casa que los niños. Para mí, eso no es justo, porque todas las personas en la familia deberían colaborar. Me dio mucha alegría que pudiéramos analizar este problema, porque muchas niñas no tienen tiempo para jugar, para hacer sus tareas o simplemente descansar.
Yo participé creando los mensajes de la campaña y también en actividades con las familias. Fui maestra de ceremonia, vocera, cuentacuentos, bailé y canté el jingle de la campaña. Cada uno de estos roles me permitió expresarme frente al público y compartir nuestro mensaje de manera cercana y comprensible.
Una de las partes que más disfruté fue convivir con las niñas, los niños y las familias durante las actividades de la campaña. Recuerdo cómo jugábamos, cantamos y conversábamos, y sentí una alegría enorme al ver que nos escuchaban, se interesaban y comprendían lo que queríamos transmitir. En estos momentos me di cuenta de que nuestra voz realmente podía hacer la diferencia en nuestras comunidades y que, si unimos fuerzas, podemos cambiar nuestra realidad.
También me emocionó recibir el apoyo de los medios de comunicación, que ayudaron a que nuestro mensaje llegara a más personas. Ver que tantos adultos creen en nosotros y nos apoyan me motivó a seguir participando, a mostrar de lo que somos capaces y a trabajar por un cambio positivo en nuestras familias y comunidades.
A través de la campaña “En casa ayudamos compartiendo las tareas por igual”, descubrí que estaba aportando a que las familias conocieran una forma diferente de organizarse en casa. Durante las actividades comprendí que nuestro mensaje era muy claro: las tareas y los sueños se comparten en familia. Muchas veces este tema pasa desapercibido, pero afecta directamente la vida de las niñas. Cuando las tareas no se comparten, tenemos menos tiempo para jugar, estudiar y soñar. Saber que pude transmitir este mensaje y ayudar a que las personas reflexionaran me llenó de motivación y orgullo, y me hizo querer seguir participando en espacios donde mi voz pueda generar cambios positivos.
Ahora estoy segura de que muchas personas comprendieron que, cuando las tareas del hogar se organizan mejor, la vida en familia se vuelve más fácil y justa para todas y todos.
Ser parte de esta campaña fue una experiencia muy especial. Cuando las niñas somos incluidas en la creación de campañas, se nota: podemos hablar de lo que sentimos y vivimos, y eso hace que los mensajes lleguen más fuerte. Me sentí feliz y orgullosa de participar, porque no solo aprendí cosas nuevas, sino que también descubrí que mis ideas como niña son valiosas y pueden hacer la diferencia.
Aprendí algo muy importante: que mi voz cuenta, que puedo participar, proponer y que, cuando trabajamos en equipo, las cosas realmente pueden cambiar. Como niñas debemos ser escuchadas, valoradas y sentirnos seguras para expresar lo que pensamos y sentimos.
Esta experiencia me hizo sentir orgullosa, valiente y capaz, como una lideresa con voz propia, con la posibilidad de influir positivamente en otras personas. Hoy me voy feliz, sabiendo que mi voz cuenta, que puedo participar, opinar y ser escuchada. Incluso desde mi edad, puedo ayudar a que las familias conozcan maneras más justas de convivir y organizarse en casa.
Participar me dejo un aprendizaje que siempre llevaré: cuando creemos en nosotras y trabajamos unidas, podemos transformar nuestras familias, comunidad y el futuro. Y eso es algo que nunca voy a olvidar.