Berta, Santa Ana


A más de dos horas de la capital de El Salvador, entre una calle llena de baches, tierra suelta y majestuosas montañas, en una comunidad al noroeste del distrito de Candelaria de la Frontera, se encuentra en una pintoresca casa Berta, una ama de casa de 34 años junto a su hijo Axel (6), sus dos sobrinos y su cuñada.

Retraída en su silla plástica color azul y con los hombros encogidos, Berta comenta que ha luchado por varios años para que sus plantas, hortalizas y árboles frutales le generaran cosechas. “Por bastante tiempo batallé para que mis plantitas florecieran y dieran frutos. A pesar de que las cuidaba y estaba pendiente de ellas nunca terminaban de cuajar”.

Candelaria de la Frontera, con más de 30,000 habitantes es uno de los territorios de El Salvador, el cual se sustenta principalmente por la producción y comercialización de granos básicos, hortalizas, frutas y verduras, y la crianza de ganado porcino y vacuno.

Al igual que el resto de los pequeños agricultores de la zona, Berta adquiría en la ferretería local abonos e insumos químicos que le prometían que sus plantas y árboles iban a florecer. Sin embargo, estos no le traían más que problemas. “Yo compré bastantes químicos en la ferretería, pero estos, más que generarme ganancia, solo eran una pérdida de dinero y tiempo. Nunca me funcionaban.”

De hecho, el uso constante de productos químicos en los cultivos genera una resistencia y requiere el empleo de productos más fuertes y tóxicos para nutrir y preservar las plantas y árboles. Además, que esto resultaba dañino para el consumo de la familia de Berta.

Para contrarrestar este fenómeno, Save the Children, a través del proyecto de “Seguridad Alimentaria y Medios de Vida” (SAN) en coordinación con el Centro Nacional de Tecnología Agropecuaria y Forestal (CENTA), el cual uno de sus objetivos es potencializar las capacidades de los productores locales para contrarrestar los efectos del cambio climático que afecta a la producción de  los habitantes del departamento de Santa Ana, desarrolló y financió 12 jornadas de formación para 43 pequeños agricultores del municipio de Candelaria de la Frontera  y 20 agricultores de los municipios de Congo y Coatepeque, con interés en mejorar y aplicar un sistema de producción orgánico con la elaboración de productos como biofertilizantes y sales minerales.

Por medio de estas jornadas se buscó asegurar la conservación de suelos y aumentar los rendimientos de la producción de las y los productores agrícolas de la zona, como Berta quien fue invitada a participar por su interés en mejorar el rendimiento de su producción de hortalizas y frutas.

Admirada por resultados que ha conseguido tras la aplicación de los abonos no químicos, Berta ha logrado mantener sus cultivos en pie sin gastar ni un centavo. De hecho, explica que a través de materiales que normalmente terminaban en la basura, como las cascaras de huevos y/o de diferentes verduras y frutas, cenizas y trozos de jabón, ella ha podido observar que los frutos de las hortalizas y árboles no se caen a los primeros días nacidos y logran cuajar obteniendo productos de calidad y a bajo costo. Asimismo, ha encontrado una solución barata para el control de plagas.

“Gracias a Children aprendí cómo hacer abonos y tierra orgánica en casa. Ahora todos mis cultivos me dan fruto. Mi árbol de aguacate, que tanto me costó, si da cosecha.”

Berta también comenta que le ha ayudado a contrapesar los del cambio climático, al garantizar que la tierra de su huerto se mantenga fértil y húmeda, a pesar de la falta de agua lluvia en la zona, al utilizar tierra y abonos orgánicos. El distrito de Candelaria de la Frontera, al encontrarse en el corredor seco del país, se ve amenazada constantemente por largas sequías y lluvias irregulares, lo que se transforma en pérdidas en la producción, fuentes de ingreso y empleo.  Asimismo, estas condiciones permiten que plagas y enfermedades se adapten y generen mayores problemas a la hora de su control.

“Aquí llueve bien poco y nos afecta con todas las plantas, no solo en la casa, pero también más arriba de la montaña. Pero estos consejos que nos han dado ayuda a que la tierra se mantenga más húmeda y viva.”

Paralelo a esto, la actividad agrícola de Berta genera menos residuos que la producción con productos químicos, esto se debe a que los desechos orgánicos (que comprenden un 60% del total de residuos generados) se descomponen en menor tiempo.

El aprendizaje de cómo elaborar abonos y tierra orgánica no solo ha ayudado a cuidar las flores, árboles y hortalizas. Sino que se ha convertido en una oportunidad para asegurar y contribuir a la alimentación saludable y la economía de las familias.

Axel, hijo de Berta, opta por no desayunar frijoles y tortillas, alimentos de la dieta básica del salvadoreño y prefiere comerse 6 naranjas o mandarinas que las puede encontrar en un árbol ubicado en la parte trasera de su casa.

“Él me dice yo quiero desayunar mandarinas o naranjas. Y con eso sé que él está comiendo alimentos sanos y saludables. No está comiendo nada químico o contaminado.”

A esto se suma que toda la familia de Berta, incluidos sus dos sobrinos, padecen menos de enfermedades respiratorias y estomacales.

Entre risas y un poco más relajada, Berta explica que se siente más independiente e indispensable para su familia, ya que estos nuevos conocimientos también le han permitido tener otra fuente de ingreso.

“He estado vendiendo bastante de lo que produzco en mi casa. La gente me busca y me encargan cada vez más. No solo acá por mi casa, sino que hasta en la escuela de Axel he logrado vender mis cosechas.”

Más y más habitantes de las comunidades, así como sus vecinos y mamás de los compañeros de Axel, compran frutas y verduras a los productores locales como Berta, ya que saben que utilizan productos orgánicos para sus cultivos y son frescos al ser cortados de casi que de forma inmediata al consumo.

“La gente de aquí viene a comprarme a mi porque tienen lo que necesitan sin movilizarse al centro de Candelaria u otras comunidades. Además, saben que se están llevando productos buenos a un buen precio.”

Con las nuevas ganancias que obtiene Berta, también ha logrado asegurar productos alimenticios que no consigue de sus plantas, y ayudar a su esposo y hermano quienes son los principales proveedores de la familia. De hecho, a diferencia del año pasado donde la gran mayoría de sus cultivos se vieron afectados por las plagas y enfermedades logró recuperar 20 güisquiles diarios, que le generaban $20.00 a la semana. Sin embargo, a partir del uso de productos orgánicos ha logrado obtener 50 güisquiles listos para vender, aumentando su producción de venta de un 250%.

“Así como ha sido de buena la producción de güisquiles este año, espero que las naranjas y mandarinas me den los mismos o mejores resultados, ya que están en floración y se ven mejor condición que el año pasado.”

Mientras pasa una bandada de pájaros en el cielo azul, y se escuchan a lo lejos las risas de Axel y su prima Glenda mientras juegan, Berta comenta que ella desea seguir fortaleciendo más sus conocimientos y seguir apoyando a su familia. En su momento ella tuvo la necesidad de recuperar sus cultivos, pero ahora al ver los buenos resultados se encuentra más motivada para continuar aprendiendo.

“Ahora ya nos animamos a seguir cultivando otras cosas que jamás pensé. Nos regalaron una bolsita de frijoles y estos los cultivamos para poder empezar a comer y vender.”

Berta espera recibir más asistencia técnica de los actores socios del proyecto para mantener equilibrados sus suelos y que la floración de sus hortalizas y frutas continúen con un rendimiento óptimo que le permitan generar mayores ingresos en el hogar, así como asegurar una dieta balanceada y salud a toda su familia.

“Realmente agradezco por toda la enseñanza que nos han dado. Nos ha ayudado mucho, no solo a mí, sino que también a los niños y mujeres que viven aquí en la zona.”

Así como Berta, el proyecto “Seguridad alimentaria y medios de vida” implementado en El Salvador por Save the Children busca continuar contribuyendo a las familias en situación de pobreza y vulnerabilidad por los efectos climáticos y de salud mejorando sus condiciones alimentarias, nutricionales y medios de vida a nivel local. Todo esto por medio del fortalecimiento de competencias y prácticas en el uso de semillas criollas, implementación de ecotecnologías, gestión de recursos sostenibles y el impulso de iniciativas económicas familiares en la producción de aves y hortalizas para el autoconsumo y la comercialización.

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